26 abr. 2014

Godiva en blue jeans


Cuando sobrepasemos la raya que separa
la tarde de la noche, pondremos un caballo
a la puerta del sueño y, tal Lady Godiva,
puesto que así lo quieres, pasearé mi cuerpo
-los postigos cerrados- por la ciudad en vela...

No, no es eso, no es eso; mi poema no es eso.
Sólo lo cierto cuenta.
Saldré de pantalón vaquero (hacia las nueve
de la mañana), blusa del "Long Play" y el cesto
de esparto de Guadix (aunque me araña a veces
las rodillas). Y luego, de vuelta del mercado,
repartiré en la casa amor y pan y fruta.

Victoria ATENCIA

8 abr. 2014

Tiernos enamorados ruiseñores...

Tiernos enamorados ruiseñores,
enseñadme a cantar tristes endechas;
cárceles verdes, de esmeraldas hechas,
con dulce parto producid colores,

pomposos cedros de olorosas flores,
ramas de mirra en lágrimas deshechas,
sin reparar en celos y sospechas,
cubridme, pues me veis morir de amores.

Para ver si le busco enamorada
se fue mi labrador; sin su presencia,
ninguna luz, ningún lugar me agrada;

y aunque en todos asiste por potencia,
un alma a sus regalos enseñada
¿cómo podrá sufrir de Dios la ausencia?

Lope de VEGA


2 abr. 2014

Haikus


kumo kiri no
zanji hyakkei wo
tsukushi-keri


Nubes y niebla
cambian pronto el paisaje
en cien matices.


*    *    *

ikameshiki
oto ya arare no
hinoki gasa


Rotundo y cruel
en mi sombrero de hojas
suena el granizo.


*    *    *

Basho-ba wo
hashira ni kaken
io no tsuki


Colgué una hoja de plátano
de un poste de mi choza:
mirador de la luna.


*    *    *

sono mama yo
tsuki mo tanomaji
ibuki yama


Bello tal como es,
sin que la luna ahí cuente:
el monte Ibuki.


*    *    *

wakaba site
onme no shiziku
nuguwa-baya


Con una joven hoja
quisiera yo enjugar
el llanto de tus ojos.


*    *    *

tsuki hayashi
kozue wa ame wo
mochinagara


Rauda avanza la luna.
Y el ramaje aún retiene
gotas de lluvia.


Matsuo BASHÔ (1644-1694)

30 mar. 2014

Llanto amargo me llueve de la cara...

Piovonmi amare lagrime dal viso
con un vento angoscioso di sospiri,
quando in voi adiven che gli occhi giri
per cui sola dal mondo i' son diviso.

Vero è che 'l dolce mansüeto riso
pur acqueta gli ardenti miei desiri,
et mi sottragge al foco de' martiri,
mentr'io son a mirarvi intento et fiso.

Ma gli spiriti miei s'aghiaccian poi
ch'i' veggio al departir gli atti soavi
torcer da me le mie fatali stelle.

Largata alfin co l'amorose chiavi
l'anima esce del cor per seguir voi;
et con molto pensiero indi si svelle.


Francesco PETRARCA


*            *            *


Llanto amargo me llueve de la cara,
de suspiros entre un viento angustioso,
cuando hacia vos los ojos volver oso,
única que del mundo me separa.

Verdad es que la mansa risa clara
a mi ardiente deseo es un reposo,
pues cuando atento en vos la vista poso,
del fuego del martirio ella me ampara.

Pero luego mi espíritu se hiela
al ver cómo apartais con gestos suaves
mis fatales estrellas, cuando os dejo.

Librada al fin con amorosas llaves,
por seguiros, del pecho el alma vuela;
y, pensativo, asaz de ella me alejo.

Francesco PETRARCA
(
trad. Ángel Crespo)

10 mar. 2014

Érase un niño que salía cada mañana


There was a child went forth every day;
And the first object he look'd upon, that object he became;
And that object became part of him for the day, or a certain part of
the day, or for many years, or stretching cycles of years.

The early lilacs became part of this child,
And grass, and white and red morning-glories, and white and red clover, and the song of the phoebe-bird,
And the Third-month lambs, and the sow's pink-faint litter, and the mare's foal, and the cow's calf,
And the noisy brood of the barn-yard, or by the mire of the pond-side,
And the fish suspending themselves so curiously below there--and the beautiful curious liquid,
And the water-plants with their graceful flat heads--all became part of him.

The field-sprouts of Fourth-month and Fifth-month became part of him;
Winter-grain sprouts, and those of the light-yellow corn, and the esculent roots of the garden,
And the apple-trees cover'd with blossoms, and the fruit afterward,
and wood-berries, and the commonest weeds by the road;
And the old drunkard staggering home from the out-house of the tavern, whence he had lately risen,
And the school-mistress that pass'd on her way to the school,
And the friendly boys that pass'd--and the quarrelsome boys,
And the tidy and fresh-cheek'd girls--and the barefoot negro boy and girl,
And all the changes of city and country, wherever he went.

His own parents,
He that had father'd him, and she that had conceiv'd him in her womb, and birth'd him,
They gave this child more of themselves than that;
They gave him afterward every day--they became part of him.

The mother at home, quietly placing the dishes on the supper-table;
The mother with mild words--clean her cap and gown, a wholesome odor
falling off her person and clothes as she walks by;
The father, strong, self-sufficient, manly, mean, anger'd, unjust;
The blow, the quick loud word, the tight bargain, the crafty lure,
The family usages, the language, the company, the furniture--the yearning and swelling heart,
Affection that will not be gainsay'd--the sense of what is real--the thought if, after all, it should prove unreal,
The doubts of day-time and the doubts of night-time--the curious whether and how,
Whether that which appears so is so, or is it all flashes and specks?
Men and women crowding fast in the streets--if they are not flashes and specks, what are they?
The streets themselves, and the façades of houses, and goods in the windows,
Vehicles, teams, the heavy-plank'd wharves--the huge crossing at the ferries,
The village on the highland, seen from afar at sunset--the river between,
Shadows, aureola and mist, the light falling on roofs and gables of white or brown, three miles off,
The schooner near by, sleepily dropping down the tide--the little boat slack-tow'd astern,
The hurrying tumbling waves, quick-broken crests, slapping,
The strata of color'd clouds, the long bar of maroon-tint, away
solitary by itself--the spread of purity it lies motionless in,
The horizon's edge, the flying sea-crow, the fragrance of salt marsh and shore mud;
These became part of that child who went forth every day, and who now goes, and will always go forth every day.



*                      *                      *

Érase un niño que salía cada mañana,
Y en el primer objeto que veía, en ese se convertía.
Y ese objeto hacíase parte suya durante el día o cierta parte del día
O durante años o vastos ciclos de años.

Las lilas tempranas hacíanse parte de ese niño,
Y la hierba y el dondiego de día, blanco y rojo, y el trébol blanco y rojo, y el canto del febe,
Y los corderos de marzo y los hijuelos sonrosados de la marrana, y el potro de la yegua y el ternero de la vaca,
Y las aves de corral bulliciosas, o las que viven en el fangal junto al estanque,
Y los pececillos que se suspenden graciosamente en él, y las linfas hermosas,
Y las plantas acuáticas con sus deliciosas cabezas chatas, todos hacíanse parte suya.

Los retoños de abril y mayo hacíanse parte suya,
Los retoños de granos invernizos y los del maíz, de color amarillo claro, y las raíces comestibles del huerto,
Y los manzanos florecidos y, después, cubiertos de frutas, y las bayas, y ls hierbas comunes de los caminos,
Y el viejo borracho que volvía a casa, tambaleándose, de la taberna donde acababa de levantarse,
Y la maestra que pasaba a la escuela,
Y los muchachos amigos que pasaban, y los muchachos que reñían,
Y las muchachas pulcras, de frescas mejillas, y el negrito y la negrita descalzos,
Y todos los cambios de la ciudad y el campo por dondequiera que iba.
Sus mismos padres, el que lo engendró y la que lo concibió en su seno y le dio luz,
Ellos dieron a su hijo más de sí mismos que eso,
Se dieron a él después todos los días, hiciéronse parte suya.

La madre, en casa, pone tranquilamente los platos en la mesa para la cena,
La madre de palabras dulces, inmaculados su gorra y traje, exhalan un olor sano su persona y vestido cuando pasa,
El padre, fuerte, arrogante, viril, mezquino, colérico, injusto,
Del golpe, la palabra violenta,, el pacto estricto, la añagaza,
Las costumbres, el lenguaje, los visitantes, los muebles familiares, el corazón anhelante y amoroso,
El afecto que no permite contradicción, el sentimiento de lo que es real, la idea de que pueda al cabo no ser real,
Las dudas del día y las dudas de la noche, el sí y el cómo extraños,
Si lo que parece ser así es así, o si no es más que destellos y manchas,
Hombres y mujeres que se apretujan en las calles, ¿qué son sino destellos y manchas?
Las calles mismas y las fachadas de las casas, y las mercancías en los escaparates,
Vehículos, caballos de tiro, embarcaderos de recia tablazón, el enorme tránsito de barcas,
El pueblecito en la montaña, visto de lejos en el ocaso, el río intermedio,
Sombras, aureola y bruma, la luz que cae sobre los tejados y los gabletes blancos o pardos a dos millas de distancia,
La goleta cercana que baja soñolienta con la marea, el botecillo que remolca lentamente,
Las olas tumultuosas con sus penachos, que golpean, se rompen,
Las fajas de nubes de colores, la larga barra de tinte castaño solitaria, la extensión de pureza en que flota inmóvil,
El borde del horizonte, el corvejón que vuela, el olor de la marisma y del cieno en la playa,
Todas estas cosas hiciéronse parte de aquel niño que salía cada mañana, y que ahora sale, y saldrá siempre cada día.


Walt WHITMAN
(Trad. Francisco Alexander)

28 feb. 2014

Nueva York

Una ciudad con dos ríos.
Chinos, negros y judíos
con idénticos anhelos.
Y millones de habitantes,
pequeños como guisantes,
vistos desde un rascacielos.
En el invierno, un cruel frío
que hace llorar. En estío,
un calor abrasador
que mata al gobernador
–que es siempre un señor con lentes–
y a los doce o trece agentes
que llevaba alrededor.
Soledad entre las gentes.
Comerciantes y clientes.
Un templo junto a un teatro.
Veintitrés o veinticuatro
religiones diferentes.
Agitación. Disparate.
Un anuncio en cada esquina.
«Jazz-band». Jugo de tomate.
Chicle. «Whisky». Gasolina.
Circuncisión. Periodismo:
diez ediciones diarias,
que anuncian noticias varias
y todas dicen lo mismo.
Parques con una caterva
de amantes sobre la hierba
entre mil ardillas vivas.
Masas con fama de activas,
pero indolentes y apáticas.
«Estrellas», actrices, «divas»
y máquinas automáticas.
Oficinas sin tinteros:
con «Kalamazoos», ficheros,
con nueve timbres por mesa
y con patronos groseros
de cara de aves de presa.
Espectáculos por horas.
«Sandwichs» de pollo y pepino.
Ruido de remachadoras.
Magos y adivinadoras
de la suerte y del destino.
Hombres de un solo perfil,
con la nariz infantil
y los corazones viejos.
El cielo pilla tan lejos,
que nadie mira a lo alto.
Radio, Brigadas de Asalto.
Garajes con ascensor.
Cemento. Acero. Basalto.
Sed. «Coca-Cola». Sudor.
Prisa. Bolsa. Sobresalto.
Y dólares. Y dolor:
un infinito dolor
corriendo por el asfalto
entre un «Cadillac» y un «Ford».


Enrique JARDIEL PONCELA

24 feb. 2014

Vals en solitario

Extraño ser y extraño amor, tuyo y mío,
absurda historia, delirantes imágenes,
remotos pasajeros en un tren sin destino,
compañeros entonces, unidos y tan lejos,
al filo de la vida, donde duerme el silencio.

Suene por ti, interminable, un vals,
suenen por ti, incansables violines,
suene una orquesta en el salón enorme,
suenen tus huesos celebrando tu espíritu.

Una copa de tallado cristal, alzada al cielo,
brinde por tu azul adolescencia disecada
y madera y metal festejen tu retrato
de borrosa figura y suave pelo oscuro.
Suene, suene hasta el fin el largo trémolo,
la delicada melodía, vagorosas nubes de pasión
bañando de alegres lágrimas tus ojos imposibles,
dibujando en tus labios un deseo perdido,
entrega fugitiva, besando sólo el aire.

Vals en el tiempo y en la dicha sonámbula
de la eterna alegría y la más tersa piel
riendo bajo luces de radiantes reflejos,
inmóviles estrellas en la noche fingida.

Música y sueño, sueño tecnicolor,
tan cursi y tonto que llena de ternura
en algunos momentos del todo indeseables
cuando vivir resulta un sueño más grotesco.

Oh amor de Mayerling y antigua Viena,
dulce Danubio y fuegos de artificio.

Oh amor, amor al amor, que te conserva
como un oculto talismán y mariposas disecadas.

Extraño ser, extraño amor, extraña vida tuya.

Una gota de sangre en una gota de champagne,
el ruido de un disparo irrumpiendo en la música,
un helado sudor tras las blancas percheras,
no podrán detenerte, hacer cambiar tu paso.

Tú seguirás, sobre ti misma, bailando siempre,
soñando siempre, soñando enloquecida,
aunque caigan, con estruendo de cascote y tierra,
los decorados techos, las gráciles arañas,
y rasguen lentamente tu rostros los espejos
y en un quejido mueran las cuerdas y sus notas.

Tú seguirás, eternamente sola y desolada,
girando entre las ruinas, evocando otras voces,
sonriendo a fantasmas con tímida esperanza,
en helados balcones abrazada a tus brazos.

Verás borrar la noche, su temblor inconstante
y otra luz, turbia luz, iluminar tu reino.

Su terquedad cruel descubrirá las ruinas
y la verdad del tiempo detrás de tus pupilas.

Pero tú seguirás sin detenerte nunca,
fantasma ya tú misma en el gris de la sombra,
altiva la cabeza sobre el cuello intocable,
girando para siempre, bailando para siempre,
frente a la sucia realidad de la muerte,
frente a la torpe mezquindad de los hechos.

Tú seguirás, extraño ser, extraño amor,
danzando sola, escuchando impasible
ese vals de derrota, extraña magia,
ese vals de derrota, tu más cierta victoria.

Juan Luis PANERO
 

10 dic. 2013

Y sin embargo, amor...

Y sin embargo, amor, a través de las lágrimas,
yo sabía que al fin iba a quedarme
desnudo en la ribera de la risa.

Aquí,
hoy,
digo:
siempre recordaré tu desnudez entre mis manos,
tu olor a disfrutada madera de sándalo
clavada junto al sol de la mañana;
tu risa de muchacha,
o de arroyo,
o de pájaro;
tus manos largas y amantes
como un lirio traidor a tus antiguos colores;
tu voz,
tus ojos,
lo de abarcable en ti que entre mis pasos
pensaba sostener con las palabras.

Pero ya no habrá tiempo de llorar.

Ha terminado
la hora de la ceniza para mi corazón.

Hace frío sin ti,
pero se vive.
 

Roque Dalton

11 nov. 2013

Animae rerum

Al mirar del paisaje la borrosa tristeza
y sentir de mi alma la sorda pena oscura,
pienso, a veces, si esta dolorosa amargura
surge de mí o del seno de la Naturaleza.

Contemplando el paisaje lluvioso en esta hora
y sintiendo en los ojos la humedad de mi llanto,
ya no sé, confundido de terror y de espanto,
si lloro su agonía o si él mis penas llora.

A medida que sobre los valles anochece
todo se va borrando, todo desaparece...
El labio, que recuerda, un dulce nombre nombra.

Y en medio de este oscuro silencio, de esta calma,
ya no sé si es la sombra quien invade mi alma
o si es que de mi alma va surgiendo la sombra.
 
Francisco VILLAESPESA

29 oct. 2013

A un desconocido

En esta tarde de oro, dulce, porque supongo
que la vida es eterna, mientras desde los pinos
las dulces flautas suenan de alados inquilinos,
siento, desconocido, que en tu ser me prolongo.

Los encantados ojos en tu recuerdo pongo:
¿Quién te acuñó los rasgos en moldes aquilinos
y un sol radiante y muerto te puso en los divinos
cabellos, que se ciñen al recio casco oblongo?

¿Quién eres tú, el que tienes en los ojos lejanos
el brillo verdinegro de los muertos pantanos,
en la boca un gran arco de cansancio altanero,

y a mi pesar arrastras, colgante de tu espalda,
como un manto purpúreo o una roja guirnalda,
por la ciudad del Plata mi corazón de acero?

Alfonsina Storni

16 oct. 2013

Oda para la elección de su sepulcro (Ode pour l'election de son sepulchre)

Ode pour l'election de son sepulchre

I
For three years, out of key with his time,
He strove to resuscitate the dead art
Of poetry; to maintain "the sublime"
In the old sense. Wrong from the start--

No, hardly, but seeing he had been born
In a half savage country, out of date;
Bent resolutely on wringing lilies from the acorn;
Capaneus; trout for factitious bait;

Idmen gar toi panth, hos eni troie
Caught in the unstopped ear;
Giving the rocks small lee-way
The chopped seas held him, therefore, that year.

His true Penelope was Flaubert,
He fished by obstinate isles;
Observed the elegance of Circe's hair
Rather than the mottoes on sun-dials.

Unaffected by "the march of events,"
He passed from men's memory in l'an trentuniesme
de son eage;the case presents
No adjunct to the Muses' diadem.

II
The age demanded an image
Of its accelerated grimace,
Something for the modern stage
Not, at any rate, an Attic grace;

Not, certainly, the obscure reveries
Of the inward gaze;
Better mendacities
Than the classics in paraphrase!

The "age demanded" chiefly a mould in plaster,
Made with no loss of time,
A prose kinema, not, not assuredly, alabaster
Or the "sculpture" of rhyme.

III
The tea-rose tea-gown, etc.
Supplants the mousseline of Cos,
The pianola "replaces"
Sappho's barbitos.

Christ follows Dionysus,
Phallic and ambrosial
Made way for macerations;
Caliban casts out Ariel.

All things are a flowing
Sage Heracleitus say;
But a tawdry cheapness
Shall outlast our days.

Even the Christian beauty
Defects--after Samothrace;
We see to kalon
Decreed in the market place.

Faun's flesh is not to us,
Nor the saint's vision.
We have the press for wafer;
Franchise for circumcision.

All men, in law, are equals.
Free of Pisistratus,
We choose a knave or an eunuch
To rule over us.

O bright Apollo,
Tin andra, tin heroa, tina theon,
What god, man or hero
Shall I place a tin wreath upon!

IV
These fought in any case,
And some believing,
pro domo, in any case...

Some quick to arm,
some for adventure,
some from fear of weakness,
some from fear of censure,
some for love of slaughter, in imagination,
learning later...
some in fear, learning love of slaughter;

Died some, pro patria,
non "dulce" not "et decor"...
walked eye-deep in hell
believing old men's lies, then unbelieving
came home, home to a lie,
home to many deceits,
home to old lies and new infamy;
usury age-old and age-thick
and liars in public places.

Daring as never before, wastage as never before.
Young blood and high blood,
fair cheeks, and fine bodies;

fortitude as never before
frankness as never before,
disillusions as never told in the old days,
hysterias, trench confessions,
laughter out of dead bellies.


V
There died a myriad,
And of the best, among them,
For an old bitch gone in the teeth,
For a botched civilization,

Charm, smiling at the good mouth,
Quick eyes gone under earth's lid,

For two gross of broken statues,
For a few thousand battered books.
Ezra Pound

*    *    *    *    *

I

Por tres años, fuera de sintonía con su época,
se esforzó en resucitar el muerto arte
de la poesía; en mantener “lo Sublime”
en el viejo sentido. Errado desde el comienzo –

No, casi, pero viendo que había nacido
en un país semi-salvaje, atrasado;
resueltamente inclinado a sacar lirios de las bellotas;
Capaneo, trucha para ficticio señuelo;

pues sabemos cuántas fatigas padecieron en la vasta Troya
oyó el oído sin tapones;
dando las rocas pequeña deriva
las tajadas aguas lo sostuvieron, por consiguiente, ese año.

Su verdadera Penélope era Flaubert,
pescó cerca de tercas islas;
observó la elegancia del cabello de Circe
en vez de los lemas de los relojes de sol.

Indiferente a “la marcha de las cosas”
desapareció de la memoria de los hombres en el año treinta
de su vida, el caso no presenta
anexos a la diadema dela Musa.

II
La época exigía una imagen
de su acelerada mueca,
algo para el moderno escenario,
en todo caso, no una gracia Ática;

no, ciertamente no las oscuras ensoñaciones
de la mirada interior;
¡Mentiras mejores
en vez de paráfrasis de los clásicos!

La ‘época exigía’ sobre todo un molde en yeso,
hecho sin pérdida de tiempo,
una prosa movida, no, con toda seguridad, alabastro
o la ‘escultura’ de la rima.

III
La falda color té de rosas, etc.
suplanta a la muselina de Cos,
la pianola ‘reemplaza’
a las liras de Safo.

Cristo sigue a Dionisos,
fálico y ambrosiaco
abrió la vía a las maceraciones;
Calibán exorciza a Ariel.

Todas las cosas son un fluir,
dijo el sabio Heráclito;
pero una bajeza de oropel
hará sobrevivir nuestros días.

Incluso la belleza Cristiana
deserta – después de Samotracia;
vemos lo bello
promulgado en el mercado.

La carne del fauno no es para nosotros,
ni la visión del santo.
Tenemosla Prensacomo hostia,
franquicia para la circuncisión.

Todos los hombres, en la ley, son iguales.
Libres de Pisístrato,
escogemos un bribón o un eunuco
para que nos gobierne.

¡Oh, resplandeciente Apolo,
qué hombre, qué héroe, qué dios,
a qué dios, hombre o héroe
colocaré una guirnalda de hojalata!

IV
De cualquier modo estos lucharon,
y algunos creyendo,
pro domo, en todo caso…

Algunos prestos a las armas,
otros por aventura,
quienes por temor a la debilidad,
o temor a la censura,
algunos por deseo de matar, en la imaginación,
aprendiendo luego…
otros con miedo, aprendiendo el deseo de matar;

Mueren algunos, pro patria,
no ‘dulce’, no ‘et decor’…
caminaron con ojos abismados en el infierno
creyendo en las mentiras de los viejos, luego descreídos
vinieron a casa, a la casa de una mentira,
a casa para muchos desengaños,
a casa para viejas mentiras y nuevas infamias;
la vieja y espesa usura
y los embusteros en las plazas.

Osadía como nunca antes, derroche  como nunca antes.
Sangre joven y sangre tensa,
bellas mejillas y bellos cuerpos;

fuerza como nunca antes
franqueza como nunca antes,
desilusiones como jamás se contaron antes,
histerias, confesiones de trinchera,
matanzas desde vientres muertos.

V
Allí murieron miríadas,
y de los mejores entre ellos,
por una vieja puta desdentada,
por una inepta civilización,

Encanto, sonriendo a la buena boca,
vivos ojos idos bajo la costra de la tierra,

por doce docenas de estatuas rotas,
por unos cuantos miles de libros vapuleados.
 
Ezra Pound

5 sept. 2013

La ciudad


Se hacen de hormigón y de cristal,
de lugares extraños y gentes ocupadas.
En todas crece un árbol
delante de la casa de un suicida
y hay niños que acostumbran a dormirse
soñando con un perro.
No faltan desayunos en hoteles lujosos,
ni tampoco familias con jardín,
pero son más frecuentes
los portales oscuros con pareja de novios,
el beso frío,
la rosa de cemento en la ventana.

Las calles desembocan en plazas descompuestas,
las tardes de domingo en las cafeterías
y el humo de los coches en los ojos del loco
que murmura sus años
y los cuenta sin fin
de metro en metro.
Al salir de los túneles sentimos
que los cielos de agua
son igual que una carta del pasado,
y suele comprenderse
que la vida es un arma lenta y de doble filo
en los pasos sin nadie,
en las noches vacías
o en la debilidad que tienen
las ciudades por los cines de barrio
y por las taquilleras muy pintadas.

A pesar de los plátanos, los olmos y los tilos,
a pesar de la hierba, si es que hablamos del Norte,
La gente que nos mira,
la gente que se salta los semáforos,
la que fluye delante de las tiendas,
necesita el amparo
de otra vegetación,
un sigilo de números y tarjetas de crédito
que extiende sus raíces por los sótanos
y busca soledad en los desvanes
como los muebles y las ratas viejas.

No es inútil viajar,
porque es cierto que todas las ciudades
amanecen de un modo parecido,
pero la noche llega en cada una
de manera distinta.
De día pueden verse
secretarias, conserjes, policías,
músicos callejeros y soldados,
dependientas que escuchan y sonríen,
oficinistas con olor a instancia,
conductores, extraños sacerdotes,
ejecutivos humillados.
Igual en todas partes,
porque apenas existen los kilómetros.
Pero existe la noche,
la soledad que borra los oficios
en un mundo habitado solamente
por hombres y mujeres,
confidencias de amarga valentía.

En las ciudades pueden encontrarse
relojes que se paran en la última copa,
la luna sobre un taxi
y todos los poemas que te escribo.

Luis García Montero

27 may. 2013

Cumpliendo el trabajo


Toda la tierra, sí.
La tierra desnuda y agria
hemos de remover tú y yo, orugas ciegas
del resplandor de Dios.
¡Cuántos años sin fin ante nosotros!
Y la abriremos para muerte... Sobre ella
vivos desnudamente hemos de amarnos.
Bajo mi espalda, ¡qué multitud de guijos
se hincan a la carne que me siembras!

Uncidos sin reposo, dos brutos que se esfuerzan
en roturar lo yermo para que siga al hombre
con un gemir de flores que romperán en frutas.
Toda hemos de ararla, toda,
y han de caber las tumbas
entre barbechos negros y predios resonantes.

Me duelen los ijares, mi rostro está reseco.
¡Aquella mi cintura que tú cogiste en vuelo
rechina al ser doblada para poner simiente
en donde tú desgarras el polvo amigo y fin!
Mis senos aún levantan sus sedes a tu boca,
pero padecen ansia cuando rebosan zumo
y el hijo espera hallarlo después que yo he arado
contigo el mundo entero; el mundo inacabable.

¡Oh siglos de labranza, hombre que empiezas
llevándome a tu lado para secar tu frente!
¡Oh maldita de Dios yo: tu oscura hembra
ha de parirte tumbas, los impuros manzanos!

Carmen Conde