15 mar. 2011

A manera de madrigal

¿Por qué ocultáis con tan pueril cuidado
vuestras orejas a la luz del día?
¿Por qué habéis de esconder, señora mía,
tesoro tan preciado?

Puesto que son de perfección dechado,
tenéis menos disculpas todavía;
porque, al veros, cualquiera supondría
misterio en el tapado.

Alzad, alzad la cárcel del cabello
y descubrid al sol vuestras orejas,
que se holgarán con ello.

Así yo, por mi triunfo enardecido,
podré decir mis ansias y mis quejas,
muy quedo, a vuestro oído.

Guillermo Fernández Shaw

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