16 ene. 2011

La bella dama sin piedad

I

O WHAT can ail thee, knight-at-arms, 
Alone and palely loitering? 
The sedge has wither’d from the lake, 
And no birds sing. 
  
II

O what can ail thee, knight-at-arms!
So haggard and so woe-begone? 
The squirrel’s granary is full, 
And the harvest’s done. 
  
III

I see a lily on thy brow 
With anguish moist and fever dew,
And on thy cheeks a fading rose 
Fast withereth too. 
  
IV

I met a lady in the meads, 
Full beautiful—a faery’s child, 
Her hair was long, her foot was light,
And her eyes were wild. 
  
V

I made a garland for her head, 
And bracelets too, and fragrant zone; 
She look’d at me as she did love, 
And made sweet moan.
  
VI

I set her on my pacing steed, 
And nothing else saw all day long, 
For sidelong would she bend, and sing 
A faery’s song. 
  
VII

She found me roots of relish sweet,
And honey wild, and manna dew, 
And sure in language strange she said— 
“I love thee true.” 
  
VIII

She took me to her elfin grot, 
And there she wept, and sigh’d fill sore,
And there I shut her wild wild eyes 
With kisses four. 
  
IX

And there she lulled me asleep, 
And there I dream’d—Ah! woe betide! 
The latest dream I ever dream’d
On the cold hill’s side. 
  
X

I saw pale kings and princes too, 
Pale warriors, death-pale were they all; 
They cried—“La Belle Dame sans Merci 
Hath thee in thrall!”
  
XI

I saw their starved lips in the gloam, 
With horrid warning gaped wide, 
And I awoke and found me here, 
On the cold hill’s side. 
  
XII

And this is why I sojourn here,
Alone and palely loitering, 
Though the sedge is wither’d from the lake, 
And no birds sing.
 
John Keats

*******************
 
¡Oh caballero! ¿Qué te aqueja,
vagando solo y pálido?
Marchitóse en el lago la hierba
y no cantan los pájaros.

¡Oh caballero! ¿Qué te aqueja,
tan hosco y dolorido?
Colmado está el granero de la ardilla
y la cosecha en casa.

Veo un lirio en tu frente
con relente de angustia y rocío de fiebre.
y, enferma, en tus mejillas una rosa
que pronto ha de secarse.

Hallé una dama en los prados,
-hija de un hada- muy hermosa.
Era largo su pelo y era veloz su pie
y su mirar salvaje.

Le tejí una guirnalda, que puse en su cabeza
le tejí brazaletes y ceñidor fragante,
en mí fijó sus ojos, como una enamorada,
y gimió dulcemente.

En mi manso corcel la senté entonces
y no ví ya otra cosa en todo el día,
pues se inclinaba, entonando
una canción de hadas.

Encontró para mí raíces exquisitas
y miel silvestre y maná de rocío.
y en una extraña lengua me dijo muy segura.
"¡De verdad que te quiero!"

A su gruta de elfos me condujo
y allí echóse a llorar y dio un suspiro,
y allí con besos le cerré los ojos
tan salvajes y tristes.

Y allí me durmió ella con sus leves canciones
y allí soñé, ¡qué desventura!
Tuve el último sueño que soñara
en la ladera fría.

Vi a reyes pálidos y a príncipes,
a pálidos guerreros con palidez de muerte,
y clamaban: "¡La dama sin entrañas
te tiene ya cautivo!"

Vi en las tinieblas sus hambrientos labios,
para darme el aviso terrible, muy abiertos:
y me hallé al despertar,
en la ladera fría.

He aquí por qué vivo
vagando en estas tierras solo y pálido,
aunque en el lago seca esté la hierba
y no canten los pájaros.

John Keats
(Trad: M. Manent)

No hay comentarios:

Publicar un comentario